martes, 8 de agosto de 2023

Lo que el viento se llevó de la JMJ 2023

 

Logo de la actual Jornada Mundial de la Juventud

Era, pues, muy grande el pecado de aquellos jóvenes delante de Yahvé; porque esos hombres trataban con desprecio las ofrendas de Yahvé.”
I Samuel II, 17.


En estas cajas de cartón guardaron la Santísima Eucaristía durante la JMJ

...no había lugar para ellos.”
Evangelio según san Lucas II, 7.

Un grupo de jóvenes rezando el santo rosario en reparación por
el vulgar e irrespetuoso trato dado al Cuerpo Sacramentado del Señor



La Música de la JMJ ¿Cuánto habrán costado los aparatos y organizar los cables?

Él vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron.”
Evangelio según san Juan I, 11.


En cuencos de bocadillos (papas fritas, maní, etc)
fue repartido el Pan de Vida


Más "vasos sagrados": unos económicos de plástico

“Pero el Hijo del Hombre cuando vuelva,
¿hallará por ventura fe sobre la tierra?.”

Evangelio según san Lucas XVIII, 8.

¿Qué fruto esperan conseguir de todo esto? ¿Convertir no creyentes a la Fe? No, un obispo ya dijo que no pretenden convertir a Cristo a nadie. ¿Convencer al mundo moderno de que la hostia es verdaderamente el Cuerpo del Salvador del Mundo, Jesucristo nuestro Señor y Rey? ¡Por favor! Nadie con un mínimo de Fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía trata de esa forma al Sacramento.

Puede leer más sobre los hechos sacrílegos aquí y aquí.


¡Kyrie Eleison!


jueves, 13 de julio de 2023

Profecía vaticana en El nombre de la rosa

 

Umberto Eco (5 de enero de 1932 - 19 de febrero de 2016) fue un prolífico escritor y filósofo italiano. En sus inicios fue, en sus palabras, un “creyente de comunión diaria” pero tras su paso por la Universidad de Turín, y una mala lectura del mejor autor para demostrar la existencia de Dios (hablo de Santo Tomás de Aquino y sus cinco vías) lo llevo al ateísmo ¡vaya ironía!

Su obra más conocida (y, por lo tanto, menos entendida) es su famosísima Il nome della rosa (“el nombre de la rosa”) publicada en 1980, y llevada al cine por el francés Jean-Jacques Annaud (1943) en 1986, con el talentoso Thomas Sean Connery (25 de agosto de 1930 - 30 de octubre de 2020) en el papel del fraile franciscano William de Baskerville, protagonista de la cinta y novela.

No abundaré en más detalles sobre el difunto Umberto Eco, ni su novela nominalista; el que quiera saber más del tema puede revisar esteartículo del historiador católico italiano Roberto de Mattei, analizando la trayectoria de apostasía de Eco. Sin embargo, hay algo que diré sobre “el nombre de la rosa” hecho cine.

Umberto Eco (1932-2016)

La película no es particularmente provechosa para los cristianos sencillos: puede asquear y escandalizar al corazón piadoso por su manera de presentar los pecados de la Iglesia del pasado, a la vez de callar las virtudes de la misma. La Iglesia está compuesta de hombres pecadores al fin y al cabo, y en el medio está la virtud. Pero aun así, ocultando bondades y exagerando maldades, la cinta cinematográfica presenta una extraña e indirecta profecía que vimos cumplirse hace unos días.

Recordarán, que hace poco el Papa Francisco nombro al obispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel “Tucho” Fernández, como nuevo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el ex Santo Oficio de la Inquisición), y los católicos no podríamos estar más perplejos y preocupados por dicho nombramiento, ya que el “nuevo guardián de la Ortodoxia de la Iglesia” es un hombre que en varias ocasiones ha demostrado estar alejado de la misma, bueno considerando quien lo nombro recuerdo un refrán español: si el abad juega naipes… ¿Qué no harán los frailes?

Personas más educadas y doctas pueden decir en que herejías, errores o blasfemias ha caído monseñor Fernández. No abundaré en ellas, pueden leerlas aquí, aquí y aquí. Lo que a mí me llama la atención es como esta elección fue profetizada indirectamente en una película anticristiana de hace varias décadas. Anticristiana sí, pero hasta un reloj roto da la hora dos veces al día.

Aquí pueden ver, la profecía de Umberto Eco en El nombre de la rosa: